Generar lana mientras cambias el mundo: esto es el emprendimiento social

Talking ESG 2

En el blog post anterior cierro diciendo “y entonces me topé con el emprendimiento social” pero tomando en cuenta que solamente 2 de cada 10 de mis amigos conocen el término, mi familia medio lo entiende y mis abuelos de plano ya ni preguntan, considero que sería de mucho valor poner en contexto a la mayoría respecto a qué es esto de las empresas sociales o de impacto. 

Las empresas sociales son todas aquellas que a través de un modelo de negocio rentable logran generar una solución a una problemática social o ambiental. No operan a partir de donaciones ni son non profits, funcionan igual que una empresa tradicional, pero hallaron una oportunidad de negocio al atender desigualdades, solucionar injusticias y/o proveer de servicios u oportunidades a comunidades que no podían acceder antes a ellos. La única gran diferencia es que miden el impacto que generan sus operaciones con el mismo rigor que sus objetivos financieros. 

En México y Latinoamérica llevamos siglos rodeados de injusticias sociales y aunque es frustrante ver gobiernos que no hacen más que empezar desde cero cada vez que arranca un nuevo sexenio, anulando el crecimiento progresivo de iniciativas de gobiernos salientes, estoy totalmente convencida de que no hay manera de que en un país con  casi 130 millones de habitantes el gobierno y el tercer sector  (ONG’s, ACs, etc) puedan ocuparse o tengan la capacidad de resolver todo lo que hay que solucionar.

He ahí el valor tan grande y el tremendo potencial detrás del emprendimiento de impacto. Estamos hablando de tener a mentes brillantes enfocadas en convertir problemas en soluciones, utilizando capital para que estos modelos escalen, generen cada vez mayor ganancia y, por ende, más beneficios al público al que se dirigen. 

Después de dos años de formar parte activa de este ecosistema he construido varias teorías sobre por qué llegó a ser necesario el usar la fuerza de los negocios para el bien común. Por supuesto que ningún actor económico debería deslindarse de las consecuencias generadas por nuestro modelo capitalista actual, pero quisiera centrarme y analizar al tercer sector. Este actor al que se le adjudica la responsabilidad de dar soluciones a problemáticas y apoyar directamente a los muchos grupos vulnerables del país. Sin embargo, la naturaleza bajo la que opera una fundación y las expectativas que se tienen de ella limita su potencial de crecimiento y escalabilidad.

Me refiero a la irregularidad e incertidumbre de sus ingresos (donaciones), como en el primer momento de crisis o avistamiento de riesgo las grandes empresas recortan cualquier apoyo o donación que brinden. También al hecho de que las donatarias autorizadas no pueden gastar más del 7% de sus ingresos en gastos administrativos o corren riesgo de perderla. Estas condiciones frenan la inversión, innovación, expansión o cualquier iniciativa para mejorar la manera en la que se ofrece la ayuda.

A manera de ejemplo, ¿qué pensarían si escuchan que el Teletón paga excelentes sueldos? La gran mayoría de nosotros estaríamos consternados de que ese dinero no vaya directamente al tratamiento de niñ@s. Sin embargo, esto es una gran paradoja porque si no se puede atraer y retener al gran talento, ni es posible construir infraestructura con potencial de crecimiento, simplemente no hay posibilidad de escalar el impacto de la  fundación. No se ayudará más, ni se ayudará mejor. 

Todo esto lo comparto para evidenciar que necesitamos repensar la forma en la percibimos al tercer sector pero sobre todo para entender que se requiere de aliados externos que ayuden a exponenciar el expertise que tienen las fundaciones para transformarlo en cambios sistémicos sostenibles.  

Justamente estos aliados son los emprendimientos de impacto. Empresari@s que utilizan datos duros, análisis de mercado, tendencias, proyecciones y crean business cases para crear negocios siempre con un claro e inamovible propósito central. Estas empresas sociales operan igual que cualquier otra con la diferencia de que sus objetivos tienen una correlación con generar impacto positivo en algo o alguien y como cualquier negocio podría buscar asesoría externa para resolver algún tema los emprendimientos sociales pueden buscar en las fundaciones asesoría para entender y gestionar problemáticas sociales o ambientales. De esta manera cada actor agrega valor experto y específico. 

Estoy consciente de lo romántico que todo esto suena, así que let’s talk money.

Cómo les comenté estás empresas son 100% escalables; sus ingresos pueden crecer como los de un negocio tradicional, pueden levantar capital, ofrecer sueldos competitivos y tener planes de expansión, pero sin márgenes de utilidad desmesurados. 

Creo que será más fácil materializar todo esto analizando una empresa social real, hablemos de Betterfly el 1er Unicornio Social de Latam. Betterfly es una plataforma de bienestar B2B que convierte los hábitos saludables de los colaboradores de empresas en donaciones sociales y un seguro de vida cuya cobertura crece sin costo. Esta startup tiene un equipo comercial que vende membresías a empresas (en su mayoría multinacionales), un equipo de expansión (actualmente con presencia en 7 países), uno de recursos humanos que gestiona a más de 500 empleados pero también tiene un equipo de impacto que se encarga de las relaciones con las fundaciones a quienes se les otorgan las donaciones generadas en la plataforma (Bettercoins), así como de medir y escalar el impacto. 

¿Cómo logró Betterfly llegar a cerrar una ronda de inversión de más de $125 millones de dólares? Como cualquier otra empresa: con un modelo de negocio rentable y escalable, pero con un margen un poco menor que hace posible que se cubran los “costos” de su vertical de impacto (agua potable, platos de comida, plantaciones de árboles, etc).

Me encanta el caso de Betterfly porque rompe con todas las ideas preconcebidas de este tipo de negocios: “o generas mucho dinero o ayudas a la gente”, “los unicornios son profit driven 100%”, “los inversionistas no invierten en empresas sociales”, “la tecnología y el impacto social no van de la mano”. Pues ellos lograron impulsar con tecnología el bienestar de muchos grupos  y como consecuencia valer más de mil millones de dólares.   

Sabiendo que en cada problema frustrante que nos rodea hay una clara oportunidad de negocio y de generación de recursos (y obvio cambios positivos) ¿no sería increíble ver cada vez más empresas sociales?  ¿No vale la pena reducir un poco el margen a cambio de dejar huella o mejorar la vida de alguien? Si tienes la posibilidad de ser un unicornio ese % de tu margen utilizado en impacto es insustancial. Qué orgullo fundar y ver crecer algo que cambie para bien el mundo como lo conocemos hoy.

Ahora bien, no tod@s tienen que ser emprendedores de impacto o sociales pero, como mencioné aquí,  nadie se deslinda de solucionar este problema. Las empresas tradicionales no tienen porque quedarse fuera de este movimiento. Tod@s son candidatos a medir y mejorar su impacto. El cambio radica en entender cómo operan los negocios hoy  y cómo podrían hacerlo mejor mañana.  Ahí reside la belleza y el potencial de los criterios ESG… 

Además de Betterfly lean sobre estas otras empresas sociales, les garantizo una sonrisa en la boca al terminar de leerlas: Someone Somewhere, Iluméxico, Laboratoria, Toroto & por supuesto PYMO Hub.

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